La
literatura del siglo XVIII
se
caracteriza por el predominio de los géneros
literarios relacionados con la crítica
y la erudición
(ensayos, informes) ya que corresponde a una época
con intereses de búsqueda
de la utilidad, didactismo, racionalidad, progreso, divulgación
de nuevas ideas, etc. Esta etapa se ve influida por el movimiento de
la Ilustración,
una mentalidad que consiste en aplicar la crítica
a todos los aspectos de la vida: Se persiguen valores como la
utilidad, la filantropía,
la libertad, el progreso y la igualdad. Este movimiento tiene su
origen en Inglaterra y sus ideales quedaron recogidos en una obra
francesa: la Enciclopedie.
A
España
las ideas ilustradas llegaron tardíamente
bajo la dinastía
de los Borbones por medio de la labor difusora de los ilustrados, la
traducción
de libros franceses, los viajes de estudio a las ciudades europeas y
la fundación
de instituciones culturales como la Real Academia Española.
En
cuanto a géneros
destacaron la prosa y el teatro.
La
figura principal de la prosa fue el ensayo ya que en ellos es posible
la crítica
y el enseñar.
Como ensayistas españoles
destacan Feijóo,
Cadalso y Jovellanos.
Los
ensayos de Feijóo
se agrupan en los ocho temas del Teatro
crítico
universal
y
en los cinco de Cartas
eruditas y curiosas.
Su
propósito
era modernizar la ciencia española
con las corrientes europeas por medio de una crítica
a las supersticiones, los falsos milagros y la credulidad irracional.
Las
obras más
destacadas de de Cadalso fueron los
eruditos
a la violeta y
Cartas
Marruecas.
En
esta última,
juzga críticamente
el pasado histórico
de España
y la vida cotidiana de la época
desde la perspectiva de dos viajeros árabes
y un cristiano.
Por
último,
Jovellanos es el más
importante ensayista. Trata temas muy variados: economía,
educación,
derecho... Entre sus obras destacan Memoria
para el arreglo de la policía
en espectáculos,
donde
critica el espectáculo
taurino, la excesiva vigilancia policial y defiende el valor
educativo del teatro; Informe
sobre la ley agraria,
donde
analiza las causas del retraso del campo; y Memoria
sobre la educación
pública
donde
defiende la idea ilustrada de que la cultura es la base del progreso
social y de la felicidad personal.
Cabe
destacar que también
se cultivó
una prosa narrativa donde destacaron José
Francisco
de Isla con Historia
del famoso predicador fray Gerundio de Capazas,
un
relato satírico
sobre la educación
que recibían
los jóvenes
aspirantes al sacerdocio; y también
Diego de Torres VHIarroel con su obra Vida
de Don Diego de Torres v Villarroel que
se trata de un relato satírico-burlesco
que imita a la picaresca de Quevedo.
En
cuanto a teatro, los escritores se sometieron formalmente a las
normas establecidas por la perceptiva clásica
e ideológicamente
a los ideales políticos
y morales de la Ilustración.
Destacan
tres tendencias: tradicional, neoclásica
y popular.
El
teatro tradicional fue un teatro no ilustrado desarrollado por los
escritores continuadores del estilo barroco. Tuvo un gran éxito
popular pero poco valor estético.
Los ilustrados denunciaron este tipo de teatro porque no se adecuaba
a las perceptivas y no transmitía
ejemplos buenos para la moral pública.
La
tendencia neoclásica
rescata las obras dramáticas
del siglo de Oro que no infringían
demasiado la regla de las tres unidades, traduce obras extranjeras y
anima a los escritores neoclásicos
a componer nuevas tragedias y comedias que reflejaran las ideas de la
Ilustración.
Se rechazó
la fantasía
y trataron de hacer un teatro verosímil
y siguiendo las reglas de las tres unidades de Aristóteles.
En cuanto a Tragedias neoclásicas
destacó
Vicente de la Huerta con su obra La
Raquel
y
en cuanto a comedias destacó
Moratín.
Moratín
escribió
cinco comedias. Las más
importantes son: El
viejo y la niña
yEI
si
de las niñas
que
defienden el derecho de la mujer a aceptar o no a su cónyuge;
La
mojigata
que
critica la falsa piedad y la hipocresía;
La
comedia nueva o El café
donde
se burla de los autores que no respetan las reglas aristotélicas.
También
escribió
comedias Jovellanos como El
delincuente honrado.
Por
último
la tendencia popular es representada por Ramón
de la Cruz. Se decide crear un teatro más
popular dado el poco éxito
del teatro neoclásico.
Destacaron los saínetes,
obras en octosílabos
o endecasílabos
con personajes populares cuyo escenario es Madrid. Destacaron El
Prado por la tarde. La Paradera de san Isidro y
Gova.
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