jueves, 5 de mayo de 2016

La Ilustracón literaria del XVIII


La literatura del siglo XVIII se caracteriza por el predominio de los géneros literarios relacionados con la crítica y la erudición (ensayos, informes) ya que corresponde a una época con intereses de búsqueda de la utilidad, didactismo, racionalidad, progreso, divulgación de nuevas ideas, etc. Esta etapa se ve influida por el movimiento de la Ilustración, una mentalidad que consiste en aplicar la crítica a todos los aspectos de la vida: Se persiguen valores como la utilidad, la filantropía, la libertad, el progreso y la igualdad. Este movimiento tiene su origen en Inglaterra y sus ideales quedaron recogidos en una obra francesa: la Enciclopedie. A España las ideas ilustradas llegaron tardíamente bajo la dinastía de los Borbones por medio de la labor difusora de los ilustrados, la traducción de libros franceses, los viajes de estudio a las ciudades europeas y la fundación de instituciones culturales como la Real Academia Española.

Se distinguieron tres etapas en la literatura del siglo XVIII. La primera es una etapa antibarroquista donde se rechaza lo retórico y grandilocuente y se valora la sencillez y la pureza del idioma. Posteriormente llega una etapa neoclásica donde se imita el estilo grecolatino y el clasicismo inglés e italiano. Se escribieron las perceptivas que se convirtieron en los códigos estéticos que debían respetar los escritores. No se buscó la originalidad sino la lógica y la razón. Por último, en la última parte del siglo XVIII, surge una etapa prerromántica que revindica los sentimientos, censurados por los neoclásicos, y abarca temas amorosos, éticos y humanitarios.

En cuanto a géneros destacaron la prosa y el teatro.
La figura principal de la prosa fue el ensayo ya que en ellos es posible la crítica y el enseñar. Como ensayistas españoles destacan Feijóo, Cadalso y Jovellanos.
Los ensayos de Feijóo se agrupan en los ocho temas del Teatro crítico universal y en los cinco de Cartas eruditas y curiosas. Su propósito era modernizar la ciencia española con las corrientes europeas por medio de una crítica a las supersticiones, los falsos milagros y la credulidad irracional.

Las obras más destacadas de de Cadalso fueron los eruditos a la violeta y Cartas Marruecas. En esta última, juzga críticamente el pasado histórico de España y la vida cotidiana de la época desde la perspectiva de dos viajeros árabes y un cristiano.
Por último, Jovellanos es el más importante ensayista. Trata temas muy variados: economía, educación, derecho... Entre sus obras destacan Memoria para el arreglo de la policía en espectáculos, donde critica el espectáculo taurino, la excesiva vigilancia policial y defiende el valor educativo del teatro; Informe sobre la ley agraria, donde analiza las causas del retraso del campo; y Memoria sobre la educación pública donde defiende la idea ilustrada de que la cultura es la base del progreso social y de la felicidad personal.
Cabe destacar que también se cultivó una prosa narrativa donde destacaron José Francisco de Isla con Historia del famoso predicador fray Gerundio de Capazas, un relato satírico sobre la educación que recibían los jóvenes aspirantes al sacerdocio; y también Diego de Torres VHIarroel con su obra Vida de Don Diego de Torres v Villarroel que se trata de un relato satírico-burlesco que imita a la picaresca de Quevedo.

En cuanto a teatro, los escritores se sometieron formalmente a las normas establecidas por la perceptiva clásica e ideológicamente a los ideales políticos y morales de la Ilustración.
Destacan tres tendencias: tradicional, neoclásica y popular.

El teatro tradicional fue un teatro no ilustrado desarrollado por los escritores continuadores del estilo barroco. Tuvo un gran éxito popular pero poco valor estético. Los ilustrados denunciaron este tipo de teatro porque no se adecuaba a las perceptivas y no transmitía ejemplos buenos para la moral pública.

La tendencia neoclásica rescata las obras dramáticas del siglo de Oro que no infringían demasiado la regla de las tres unidades, traduce obras extranjeras y anima a los escritores neoclásicos a componer nuevas tragedias y comedias que reflejaran las ideas de la Ilustración. Se rechazó la fantasía y trataron de hacer un teatro verosímil y siguiendo las reglas de las tres unidades de Aristóteles. En cuanto a Tragedias neoclásicas destacó Vicente de la Huerta con su obra La Raquel y en cuanto a comedias destacó Moratín. Moratín escribió cinco comedias. Las más importantes son: El viejo y la niña yEI si de las niñas que defienden el derecho de la mujer a aceptar o no a su cónyuge; La mojigata que critica la falsa piedad y la hipocresía; La comedia nueva o El café donde se burla de los autores que no respetan las reglas aristotélicas. También escribió comedias Jovellanos como El delincuente honrado.


Por último la tendencia popular es representada por Ramón de la Cruz. Se decide crear un teatro más popular dado el poco éxito del teatro neoclásico. Destacaron los saínetes, obras en octosílabos o endecasílabos con personajes populares cuyo escenario es Madrid. Destacaron El Prado por la tarde. La Paradera de san Isidro y Gova.

El Romanticismo Literario del XIX

El Romanticismo es un movimiento revolucionario que exalta la libertad y los sentimientos en todos los aspectos del vivir. En las artes se manifiesta como una ruptura con el Neoclasicismo y la razón dando paso a obras profundas basadas en el sentimiento y lo misterioso. Este movimiento surge en Inglaterra y Alemania a finales del silgo XVIII y se extiende por Europa durante el XIX. A España llegó tardíamente por su situación política. Fernando Vil impone un régimen absolutista y lleva a cabo una fuerte represión contra íos liberales que se exilian en Francia e Inglaterra y vuelven impregnados de las ideas románticas a la muerte de Fernando en 1833.

Podemos distinguir tres etapas en el Romanticismo español: la primera muy tradicional debido al absolutismo y los fuertes valores cristianos; la segunda un romanticismo liberal influido por la conciencia innovadora que surge a partir de la llegada de los exiliados con las nuevas tendencias; y, por último, una etapa más tardía: el postromanticismo.

Este movimiento rompe con las reglas aristotélicas de las tres unidades, se sirve de la polimetría (mezcla de versos) y mezcla géneros así como lo trágico y lo cómico (algo impensable por los neoclásicos). Los románticos exaltan la libertad creadora, la originalidad y los sentimientos. Por ello en las obras adoptan un tono melancólico, individualista y rebelde. También se produce una exaltación al "yo" visible en el subjetivismo. Los autores exaltan la imaginación y la fantasía por lo que destacan el misterio, lo sobrenatural, las alucinaciones... Por otro lado el escenario suele ser una naturaleza agreste, lúgubre, nocturna, que contrasta con la naturaleza idealista del neoclasicismo. Asimismo destacarán temas relacionados con los conflictos sociales y personajes marginales, además de un fuerte nacionalismo. El estilo es retórico y metafórico con gran uso de antítesis, comparaciones, adjetivos y exclamaciones.

La lírica romántica se caracteriza por una renovación estética y temática con respecto a la neoclásica. Aumenta el subjetivismo y la expresión de sentimientos como la tristeza, la angustia y el amor (incluso más allá de la muerte). Se muestra una naturaleza que refleja el estado de ánimo del autor y se utiliza la polimetría. En cuanto a autores destaca Espronceda que escribió poesía lírica como La canción del Pirata. y también poesía narrativa como El estudiante de Salamanca y El diablo mundo, un poema filosófico que reflexiona sobre la existencia del hombre con tono pesimista. En la lírica narrativa también destacaron el Duque de Rivas con sus Romances históricos y Zorrilla con su obra Orientales cuyo argumento es el exotismo oriental.

En la segunda mitad del siglo XIX se produce un postromanticismo presidido por Bécquer y Rosalía de Castro. Rosalía escribe poemas en lengua gallega sobre temas críticos y sociales. Adopta un lenguaje sencillo y un estilo intimista y su obra destacada fue En las orillas del Sor. Por otro lado, Bécquer abarca el tema del amor imposible, de la imposibilidad de combinar sentimientos y razón, de la soledad y la muerte..., es decir, se centra en la frustración romántica. En su estilo destaca una poesía breve y asonante, los recursos de repetición (paralelismos, anáforas, estribillos...) y la fuerte carga sentimental. Su obra poética destacada son las Rimas.


En el ámbito teatral el tema central es la incompatibilidad del amor, y los escenarios se sitúan en lugares fúnebres como cementerios y cuevas. Se sigue el principio de libertad por lo que se mezcla lo trágico y lo cómico a gusto del autor. Se utiliza además un lenguaje grandilocuente y retórico. Como dramaturgos destacaron el Duque de Rivas y Zorrilla. El primero escribió Don Alvaro o la fuerza del sino, donde se abarca el tema del destino adverso y el amor apasionado. Zorrilla, por su parte escribe Don Juan Tenorio donde se tratan temas como la seducción, el mundo de ultratumba, el honor y la muerte. Esta obra crea la figura del "Donjuán" que será de gran influencia en la literatura posterior.

Por último, en prosa se escribió una novela histórica que copia los modelos extranjeros y una novela costumbrista donde destacan los artículos de costumbre. Estos artículos mezclan el ensayo con el cuento y abarcan temas descriptivos de costumbres, lugares e instituciones así como temas contemporáneos. Se trata de composiciones con finalidad didáctica, moral, satírica y de enfrentamiento. Destacan los artículos de Larra. En ellos el autor satiriza algunos aspectos de las costumbres españolas como en Vuelva usted mañana y Casarse pronto v mal.



Por si os interesa os dejamos un link del museo del Romanticismo:Museo Romanticismo

viernes, 29 de abril de 2016

Rimas -G.A. Bécquer-

Gustavo Adolfo Bécquer pertenece a la última fase del romanticismo español. Es autor, entre otras obras de Las Leyendas, narraciones en prosa que aúnan costumbrismo, fantasía y misterio. Y de Las Rimas, poemas que en parte fueron apareciendo mientras vivió el autor y que se recopilaron por primera vez poco después de su muerte.
Bécquer se sitúa en un momento de transición del romanticismo al realismo. Es el llamado posromanticismo, donde se produce un alejamiento del tono grandilocuente de Espronceda o de Zorrilla y se apuesta por una poesía sencilla que se basa en un acercamiento o pacto con el lector (léase la rima 26). La originalidad se basa en la combinación de influencias: por un lado poetas románticos como el ingles Byron y como el alemán Heime, aunque este ultimo será su influencia decisiva; por otro lado, la poesía popular andaluza, que le hace optar, en sus propias palabras, por “una poesía natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica. Desnuda de artificio”.  El posromanticismo, en efecto, significa una vuelta a la sencillez y a la naturalidad. Lo cual es perceptible también en la obra de Rosalía de Castro. 


El siglo XIX en España esta marcado históricamente por tres acontecimientos que determinaran de forma precisa la tradición literaria y la orientación de los autores. Estos acontecimientos son: la guerra de la Independencia, el reinado de Fernando VII que dará lugar al absolutismo y por ultimo el reinado de Isabel II caracterizado por las luchas de poder y la inestabilidad política. En esta etapa el romanticismo, como decíamos, tiende a crear una poesía que evoque y recree una emoción. En concreto para Bécquer la poesía reside especialmente en la belleza, el misterio, el amor y la mujer. El poema es un fragmento de la poesía, que muestra la insuficiencia del lenguaje ante la enorme dimensión que la poesía tiene. Por eso en el aspecto formal se juega con la sugerencia, los silencios, los finales truncados. Con frecuencia también se presenta una estructura apelativa: el yo poético del sujeto lirico interpela a la amada o a la poesía. La construcción del poema es muy cuidada, con numerosos recursos retóricos, especialmente de tipo constructivo, como contrastes, anáforas y paralelismos que propician simetrías rítmicas y expresivas. También abundan las metáforas (y los símbolos) relacionadas con la naturaleza, con la música, los colores. Los hipérbatos y encabalgamientos añaden tensión a través de otros recursos como los puntos suspensivos, las exclamaciones o las interrogaciones. La métrica también tiende a la sencillez: predomina la asonancia y los versos de arte menor que sin embargo pueden llegar hasta el endecasílabo. El abanico de estrofas va de la silva arromanzada al romance. Es frecuente también el uso de versos de pie quebrado.

En cuanto a los temas algunos han querido ver en Las Rimas un relato lirico de las vivencias amorosas de Bécquer a modo del Cancionero de Petrarca. Si nos basamos en la ordenación de la edición de sus amigos se pueden distinguir cuatro bloques temáticos: En el primero están las rimas del I al XI, que tratan especialmente sobre la poesía; en el segundo bloque están las rimas del XIX al XXIX, donde predomina la mujer como ideal casi inalcanzable, etéreo, convertida en una diosa que da sentido a la realidad (como ocurrirá tiempo después con la diosa Blanca de Robert Graves); la tercera parte de la XXX a la LI, donde sobrevive el desengaño, la amada es cruel, orgullosa e interesada. En estas rimas el lenguaje se hace mas prosaico y coloquial, más narrativo; y el ultimo bloque va de la rima LII hasta el final donde se refleja los temas de la soledad, sueño, paso del tiempo y el destino mortal del hombre.

En conclusión Bécquer ofrece en Las Rimas un tipo de poesía que tendrá enorme influencia en la literatura posterior. El tono conversacional del poema, a la vez que el carácter simbólico, el reflejo del mundo de las sensaciones, serán aprovechados por el simbolismo y los poetas del 98, como Machado y el Rubén maduro a la vez de Juan Ramón Jiménez. Bécquer también influirá en la poesía modernista hispanoamericana y en la poesía del 27.
Actualmente se ven huellas de Bécquer tanto en la poesía de la experiencia (por el estilo sencillo) como en la poesía del silencio (por el carácter insuficiente del lenguaje).

jueves, 28 de abril de 2016

Luces de Bohemia -R.M. del Valle Incán-

La obra Luces de bohemia, escrita en 1920, posee una significación tanto política o ideológica como estética. La significación política tiene que ver con el contexto histórico en el que se desarrolla. En efecto, la obra de Valle Inclán crítica la degeneración de la vida española, su empobrecimiento, la corrupción de la política y el servilismo de los medios de comunicación en la época de la Restauración. El paseo nocturno de Max Estrella es el paseo por la actualidad española del momento: manifestaciones, represión policial, encarcelamientos, muerte en la cárcel sin juicio previo. La visión de España no puede ser más pesimista, y Max es una víctima de este sistema. 
La significación estética tiene que ver con el inicio de unos modos de dramaturgia que tienen relación con el inicio de la Vanguardia. Desde el punto de vista literario Valle Inclán se enfrenta al realismo y a las convenciones teatrales. Se puede entender que esta obra es un manifiesto hacia una nueva forma de teatro que queda explícita en la escena XII. Esta nueva forma de teatro es el esperpento, es decir, la deformación de la realidad (como hizo el expresionismo en pintura) hasta límites grotescos. Esta deformación se dará tanto en los personajes (mediante los recursos de la animalización y la cosificación) como en el lenguaje y las situaciones. El elemento vanguardista, que tiene que ver con el espectáculo de marionetas y el cinematógrafo, intenta dar una visión deformada de la dramaturgia clásica. 
La obra representa la última noche de la vida de Max Estrella por las calles de Madrid. Se divide en 15 escenas, y temporalmente va desde el anochecer hasta el amanecer de un mismo día y la tarde y la noche posterior a su muerte, que funcionan como epílogo. 


Podemos diferenciar dos tiempos, el tiempo interno de la obra, al que acabamos de referirnos, y el tiempo externo, que es el de la sociedad española. Los espacios son múltiples: la casa de Max Estrella, la librería del buey Apis, la taberna de Pica Lagartos, la calle de la Montera, la redacción de un periódico, la cárcel, el ministerio, el cementerio. Los personajes están caracterizados mediante la deformación de sus rasgos físico, que hacen que se transformen en peleles. Los más importantes son: Max Estrella (poeta ciego), Don Latino de Híspalis (un arribista que se aprovecha de la ceguera de Max), Madama Collett y Claudinita. Hay algunos personajes reales como Rubén Darío, y otros pertenecientes a la propia imaginación de Valle como el Marqués de Bradomín. Junto a ellos, prostitutas, policías, libreros, taberneros, periodistas o políticos, por ejemplo el ministro. En ese intento por reflejar la sociedad madrileña del momento. 


En cuanto al lenguaje, destacan las acotaciones, que tienen una función más allá de la propiamente escénica, y donde se combina, como en toda la obra, lo vulgar y lo grotesco junto a un lenguaje culto lleno de retoricismos y neologismos. La lengua de Valle Inclán es una lengua llena de recursos estilísticos, donde jergal y los recursos de la lengua oral tienen indudable importancia. 


Se representó por primera vez en 1963 en el Teatro Nacional de Francia de París. Curioso, en una obra que tiene que ver precisamente con la bohemia importada del país vecino. Hasta ese momento, no se había podido representar por problemas de técnica dramatúrgica o incluso, se pensaba que en el fondo se trataba de un texto fronterizo con la novela.




La Colmena -C.J.Cela-

La colmena está íntimamente unida al espíritu de su época. Tenemos que darnos cuenta que se publicó en Buenos Aires por problemas con la censura. Por otra parte, fue un libro que trataba de expresar la alienación del hombre en la sociedad contemporánea. Se trata por tanto de una novela en la que se refleja la España de la posguerra, las inquietudes y frustraciones, también las aspiraciones de la clase media baja, de la pequeña burguesía, que intentan encontrar en aquella época un hueco en la sociedad. Hay que darse cuenta que España empieza a ser en ese momento una sociedad urbana, que hay una cierta relajación de la dictadura, pero que continúa siendo una losa terrible en aquella sociedad: la moral católica, la cerrazón ideológica influye mucho en todos estos personajes. En La colmena no aparece "La historia" sino la "intrahistoria". 


La colmena es una novela protagonizada por cerca de 300 personajes, de los cuales, 8 tienen una cierta relevancia en el texto: Doña Visi (beata y ciega), Julita (mentirosa y que se reúne con su novio en la casa de citas donde se encuentra su propio padre), Ventura (novio de Julita, más interesado en estar con su novia que en aprobar la oposición de notarías), Doña Rosa (dueña del café donde se reúnen los personajes, egoísta), Elvira (solitaria y envejecida, antigua prostituta), Roberto González (trabajador que intenta mantener a sus 5 hijos), Filo (la mujer de Roberto, enamorada) y Martín Marco (hermano de Doña Filo). Este último es uno d ella personajes principales, es un personaje contradictorio, es vago trabajador, tímido... Por ejemplo, pasa miedo cuando le encuentran los policías, sin embargo es un caradura en el café. La mayor parte de los personajes están relacionados con él, pero no se puede decir que haya un personal principal en la obra, sino que se habla de un personaje colectivo. 

La estructura de la novela tiene que ver con el espacio urbano que recrea. El espacio es Madrid, de la que se dice que es un sepulcro, una cucaña, una colmena. Para reflejar la vida de esta ciudad el recurso utilizado es recrear acciones, ambientes, aparecen lugares determinados de Madrid: San Bernardo, la Calle Fuencarral, la Calle de la Madera, la Plaza de Chamberí, la Calle Ibiza, pero, lo que pretende es crear un ambiente, un espacio de mísera material o moral.  

El tiempo es un tiempo reducido, como ocurre con el Ulises de James Joyce. La colmena transcurre durante tres días, y se rompe la trama y la intriga de las novelas propias del XIX, es decir, se rompe con la estructura planteamiento, nudo y desenlace. En La colmena aparecen fragmentos de vida. En realidad hay un determinismo en la vida de los personajes de esta novela y hay también una simultaneidad de tiempos y de espacios. 

Los seis capítulos en los que está estructurada la obra y el final, están divididos en secuencias. A propósito de estas secuencias, se produce una mejor aparición de los distintos personajes, de los distintos ambientes, espacios y tiempos. 

El narrador de la novela se ha dicho que es objetivo, y sin embargo, su voz interviene en la obra en forma de un autor implícito: conoce a sus personajes, ironiza sobre ellos, o nos da la información que el lector necesita en cada momento. 

La prosa de La colmena es rítmica, tiene recurrencias fónicas, repeticiones, paralelismos, hay un habla popular, incluso vulgar, un habla retórica o altisonante, dependiendo de la caracterización de los personajes, y sobre todo hay una voluntad deformante, muchas veces esperpéntica. 

Todo ello tiene que ver con el contexto literario en que se escribe la novela. Si por una parte, Cela sigue siendo fiel a sus maestros de la literatura española (Baroja, Valle Inclán, Guitierrez Solana) por otra parte, La colmena enlaza con la tradición de la Vanguardia en la línea de John Dos Passos, o William Faulkner. De Dos Passos utiliza el carácter fragmentario de la narración, de Faulkner, recoge esa psicología marginal, alienada, esos ambientes opresivos que se expresan en las novelas del norteamericano. 

La importancia de La Colmena fue mucha en su tiempo, tanto desde un punto de vista temático como formal. La crítica la sitúa también como una de las grandes novelas del siglo XX. 


Pedro Páramo -Juan Rulfo-

Pedro Páramo, obra escrita por Juan Rulfo, se sitúa en el momento en el que Méjico vive una auténtica convulsión. Primero por la orientación hacia un sistema democrático en el plano político, y segundo, por estar como el resto de Hispanoamérica bajo unas élites económicas que mantienen el poder. Más allá de esto, la significación al contexto histórico que se hace en Pedro Páramo, es a la Revolución Mejicana de 1910 y a la de los "Cristeros" de 1926/1928. Por otra parte, hay una serie de claves que tienen que ver con hechos culturales de lo que se conoce como el alma mejicana, el mito de la tumba de Cuautemoc. En cuanto al contexto literario, hay que decir que con Pedro Páramo se abandona el realismo y se introducen en la narración elementos fantásticos de la vida cotidiana de los personajes. De la misma manera, se abandona el relato de estructura tradicional y se incorporan innovaciones formales.

La novela fue publicada en 1955, es breve, y en ella hay un equilibrio perfecto entre la capacidad de sugestión y la densidad de contenidos. El autor trata temas tradicionales pero sin el sesgo de lo costumbrista. Se produce una experimentación lingüística, no sólo en el nivel culto, sino también en el nivel popular o incluso vulgar. En cuanto a la estructura, se divide en 70 secuencias que son piezas de una novela fragmentada que el lector debe recomponer. En cuanto a la estructura interna, se divide en dos líneas: la primera de Juan Preciado, escrita en primera persona, y la segunda, la de Pedro Páramo, escrita en tercera persona. Pero la estructura total de la obra está dividida en dos partes. La primera va de la secuencia 1 a la 36, y el la historia de Juan preciado, y la segunda, de la 36 hasta la 70, que es la historia de Pedro Páramo. En el relato hoy, por tanto, un desorden cronológico. Se utiliza el recurso de la elipsis, para saltar sucesos, y la narración avanza siempre a un ritmo sincopado. 

El argumento trata sobre el viaje que realiza Juan Preciado a Comala en busca de su padre y como promesa a su madre que acaba de fallecer. Una vez llega, se da cuenta que todos allí están muertos, y que Comala es un pueblo fantasma. Y por tanto, que también él murió, poco después de llegar. 

Entre los protagonistas principales, destaca Pedro Páramo, caracterizado como alguien que vive en un mundo de soledad, falto de amor, violento, y con mucho poder. También se puede hablar de Susana San Juan, personaje que es producto de la locura, y sobre el único que no tiene poder Pedro Páramo. Juan Preciados representa la criatura abandonada, en busca de su padre, lo que le lleva a la muerte. Su camino es un descenso a los infiernos. Otros hijos de Pedro Páramo son: Miguel Páramo (el reverso de Juan Preciado, igual de violento que su padre) y Abundio, un personaje enigmático, vengador. Entre las mujeres hay que hablar de Eduviges Dyada, Damiana Cisneros, pero destaca sobre todo, Dolores Preciado, la madre de Juan, que tuvo la ilusión del amor por Pedro Páramo y que acabó en un profundo desengaño, porque a su marido solo le interesaban sus tierras. El ultimo personaje es el Padre Rentería, que representa al sector de la iglesia aliado con el poder. Pero se puede decir que uno de los personajes más importantes de Comala es el pueblo de Comala, que tiene dimensiones reales y a la vez míticas. Se puede decir que hay tres Cómalas: la real, la imaginaria y la infernal. Como elemento antes señalado del alma mejicana, se produce en este pueblo un constante diálogo entre la vida y la muerte. 

El estilo es sobrio, pero cabe destacar la descripción, la utilización de monólogos y diálogos, la sobriedad, la utilización de un lenguaje poético y culto junto a expresiones vulgares, locales, que nos llevan a continuos hallazgos verbales del narrador y a ciertos fragmentos de valiente poético. Esto lleva a que Pedro Páramo inaugure la etapa de mayor reconocimiento de la literatura hispanoamericana. En sí es una gran novela, una de las más importantes de la literatura en español del siglo XX, pero a la vez hay que destacar la enorme influencia que va a tener en autores como García Márquez, Mario Vargallosa o Guillermo Cabrera Infante.